Más descansos. Menos riesgos.
Pero a la vez tener más carácter para no dejar que se repita la jugada. Control, decisión, frialdad. Dos cojones. Temperamento.
Is this the rapture?
Is this the rapture?
No escuchar durante veinticinco años un discurso que desaparece de repente al tomar contacto con la realidad. El mundo de verdad poco o nada tiene que ver con sentirte bien, agusto, realizado, contento. Es la felicidad del tonto, y cuando a los diecisiete decidiste que nunca serías feliz, te automaldeciste de por vida.
La vida no es sueño. La vida no es una película ni "todo eso que pasa mientras hacemos planes". No es lo que tú esperes ni lo que te ofrezcan los demás. No es una canción. Es mucho peor que todo eso. Es impredicible, es azar, y se acerca más a ser una maldita caja de bombones (a menudo vacía). O no. Quizá tampoco. Porque es inseguridad, la vida son miedos, tempestades, pérdidas de control... Porque tal vez sí está en nuestras manos y sí es algo parecido a un sueño que a veces se torna pesadilla. La vida es como todas esas películas, como todas esas canciones. Es todo lo que quieres que sea. Es la felicidad del tonto.
Si me ves sonreír en
mi Volkwagen azul
pasándome un semáforo en rojo
manejando rumbo al sol
es que estoy atrapado en
los brazos de una
vida loca.
Cambio. Restart.
Pero es imposible. Esto no es otra puta campaña publicitaria. No es un poema de Bukowski. No es un cuadro. No es la peor de las canciones.
No es eso. Tiene más que ver con un ataúd. Con el equilibrio, con ser inestable. El equilibrio. Ser inestable. Querer cambiar sabiendo que no lo harás (de hecho pensabas que ya lo habías hecho).
Necesitas autocomplacerte. Y lo consigues autocastigándote, arrancándote esa pizca de amor propio, tirándolo al suelo, pisoteándolo y escupiéndolo, pegándole una patada para no volverlo a ver más. Al menos por esta noche.
Porque mañana por la mañana volverás a ser positivo. No sabes si sirve de algo. Es la felicidad del tonto.
Y volverás a tener esperanzas en ser consciente algún día de la realidad. De conseguir ser feliz, aunque lo niegues las veces que haga falta.
Deja de llorar. Mañana volverás a ser tú, con una cicatriz de dos semanas que tapará la anterior de dos años. Antes hubo una de cuatro, ya no lo recuerdas.
Lo hecho hecho está. Desgraciadamente.
Y eres así de gilipollas como para estar aún dándole vueltas. Niñato. Te encanta. Reconócelo, es por eso por lo que quieres cambiar.
Porque la vida de los muertos es mucho más placentera, llena de color y de ritmo.
Pero antes vete a dormir un rato.







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